Lo que traemos de casa

Por ada el 27 noviembre 2013 en Familia | Psicología | Reflexiones | Sociedad | Terapia

El otro día trataba de llamarle la atención a mi sobrino : “…o comes, o te apago la tele!” Y recordé que esa “amenaza” tal cual me la hacía mi madre a mí cuando me distraía a la hora de comer…Me salió natural, sin pensarlo y pensé que se me había quedado grabada desde hacía tiempo.

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Dentro de la familia no sólo se aprende a hablar , caminar, comportarse , sino que también aprendemos cuáles son nuestras responsabilidades, qué es el amor, qué es la lealtad y cuáles son nuestros valores. Aprendemos formas de relacionarnos y comunicarnos  con los demás , desde la dominación, desde la solidaridad, desde el apego,… bien imitando lo que vemos o aprendendiendo de los premios o castigos que vemos que reciben los que nos rodean.

La influencia de lo que traemos “de casa”  va mucho más allá de lo que imaginamos: en personas adultas, de treinta o cuarenta años , se repiten patrones y actitudes  que aplicaban sus padres y que habían observado de pequeños : el victimismo, la indiferencia, la dependencia, la colaboración,…

Esto sucede así porque la huella  familiar se cuela sin que nos demos cuenta, pensamos que crecemos, maduramos y cambiamos, pero la “marca “sigue ahí . Hasta que los hacemos conscientes  y somos capaces de salir de nosotros mismos, observarnos desde fuera y comparar lo que hacemos y sentimos nosotros con lo veíamos que hacían, sentían, y pensaban nuestros padres o personas de referencia.

Las creencias sobre el éxito, la ayuda, la amistad,la muerte, la vida, si hay que fiarse o no de otras personas, el control que tenemos sobre las cosas que pasan, y sobre nuestras propias capacidades son grabadas por esa cultura familiar  en nuestro disco duro y desde ahí condicionan el comportamiento y nuestras relaciones, o esperan latentes a que aparezca la oportunidad  apropiada.

Dentro de la familia aprendemos cosas que serán muy útiles para nuestra vida y que nos ayudarán a ser felices, pero también hay otras que en algún momento necesitaremos desaprender. Me gusta pensar que los padres se comportan lo mejor que pueden y que saben hacerlo, pero, como personas que son, también cometen errores. No pasa nada por reconocerlo. Y no estamos condenados a repetir los mismos errores aunque hayamos aprendido que esa es la forma en que tenemos que comportarnos, hacer o sentir, porque no es la única opción, sino aquella que hemos aprendido.

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