Hay una frase que estoy viendo con frecuencia por las redes , algo así como que trabajar duro por algo que no te gusta es estrés , y trabajar duro por algo que te gusta es pasión.  Realmente factores como  la no identificación con los objetivos de las tareas , la falta de libertad para elegir una forma de trabajo, etc…, son factores  pueden conducir a situaciones de estrés .Sin embargo aún cuando nuestra profesión  nos enamora y nos llena por completo , el exceso de volumen de trabajo y de responsabilidades nos desgasta de igual manera.corazonn

El estrés es una respuesta del organismo ante una demanda que no puede abarcar con los recursos que tiene: el tiempo, los conocimientos, el apoyo,… Independientemente de las ganas, el entusiasmo o la ilusión empleados.

Las cefaleas, las tensiones musculares y los problemas digestivos los padecen también personas entregadas en cuerpo y alma a su trabajo… quizá demasiado. En cualquier momento pueden llegar a un servicio de urgencias con un ataque de pasión que no les deja respirar o se les clava en el pecho.

Esto es tan válido para personas que trabajan dentro de una organización como para aquellas que lo hacen de forma autónoma. Aunque en ambas situaciones las fuentes de estrés suelen ser distintas, el caso es que viene muy bien esto de justificar con la pasión el que trabajemos duro, muy duro, a veces más de lo que nos merecemos. Incluso cuando sentimos que no podemos más, porque hay que hacer el mismo trabajo de antes con la mitad de plantilla o porque no sabemos si nuestro negocio va a continuar el mes que viene ante la carga fiscal y las deudas.

Tanto si te gusta tu trabajo como si no, tienes el mismo derecho a cuidarte, a no asumir como propios problemas que no son tuyos, a dedicarte tiempo para ti, y a pedir ayuda cuando la necesites. Una cosa es pasión. Y otra cosa es estrés.

 

 

Hace unos días asistí a un cumpleaños. Todo fiesta, y risa y felicitaciones y abrazos… 🙂

Reconozco que disfruto con la alegría de los cumpleaños.

 

No obstante, reconozco ahora también que nuestra cultura está  llena de contradicciones: los cumpleaños son motivo siempre de celebración, felicitamos ( esto es, deseamos felicidad) a las personas que cumplen aniversarios de vida y les deseamos que cumplan muchos más…Sin embargo, ahí estamos todos invirtiendo tiempo , dinero y energía en parecer más jóvenes de lo que somos realmente.birthday-cake-757102_960_720

En este momento habrá que abrir el debate sobre qué significa para nosotros la edad, además de un número o una medida de existencia. Hay personas que relacionan determinadas edades con etapas en las cuales debemos de haber logrado determinadas metas o tareas vitales, son guiones a veces muy rígidos.

Y hay quien tiene miedo a envejecer porque relaciona las arrugas con enfermedad, pérdida de la belleza, debilidad, muerte o pérdida de la “utilidad” para la sociedad. Según lo que más valoras tiras más hacia uno o hacia otro. Y no digamos nada cuando llega la jubilación…

Seamos honestos: por mucho que escuchemos eso de que como los vinos mejoramos con los años, pienso que si realmente no tuviéramos miedo a cumplir no dedicaríamos tiempo a cubrir canas, tapar arrugas, perder peso. Si bien puede ser que haya a quien le interese

A parte de esa leve sensación de ligero vértigo cuando dices en voz alta cuántos años tienes ( o cumples), esperando la cara, la reacción de quien te ha preguntado.No  nos sentimos igual al oír “pensaba que era menos ” o no los aparentas que cuando vemos que  nos echan más…

El miedo a la pérdida y la necesidad de aprobación son normales. Luego depende de nosotros/as la cantidad de esfuerzo que dedicamos a intentar frenar o a negar los procesos naturales. La nuestra es una cuenta atrás en vida restante, pero también una cuenta adelante en experiencias, aprendizajes, seguridad y solidez acumulados.

En ocasiones escucho sobre lo importante que es controlar tus pensamientos o sobre personas que de vez en cuando son capaces de dejar la mente “en blanco”.

Con la cantidad de cosas que hacer, estímulos alrededor, las exigencias de la vida actual… ¿Son ustedes capaces de parar la mente y no pensar en nada?balloon-912805_640

En mi mi opinión, poner un freno o un interruptor a la mente es todo es un reto,…Al final acabamos moviéndonos hacia nuevos pensamientos, porque la mente, el cerebro , no para nunca realmente.

En todo caso, en  ocasiones nos conviene dejar de lado determinados pensamientos que no nos hacen sentir bien o no nos sirven para nada  y avanzar hacia otros o más productivos o más tranquilizadores.

Las estrategias pueden ser muy sencillas , si bien necesitan su entrenamiento:

Por ejemplo, redirigir la atención de dentro hacia fuera: es decir, hoy voy a proponerme tomar conciencia de todos los elementos de mi alrededor que pueda: los árboles, la calle, los sonidos, el ambiente,…

O voy a tomar conciencia de mi propio cuerpo y de mi respiración. Tan simple como eso: coloco allí mi foco de atención y si mi respiración es normal, serena, no me puedo alterar.

El verdadero control mental parece que está en aprender a gestionar, manejar nuestros propio flujo de pensamiento para manejar nuestras emociones.

“Mañana no puedo ponerme calcetines negros . Porque tengo una reunión importante, y siempre que me pongo calcetines negros  ocurre algo: llego tarde, no funciona el ordenador, se me olvida algo, me duele la cabeza … Seguramente no tiene que ver con eso, pero por si acaso…”calcetines

Éste evidentemente no es pensamiento racional : Racionalmente sabemos que no puede haber una relación directa entre el color de los calcetines y la gama de  circunstancias que pueden rodear a un evento concreto, en este caso una reunión , y que por cierto, es muy amplia. Por lo que, seguramente  en algún momento ocurrirá alguna de estas cosas y yo llevaré puestos los calcetines negros .

Por otro lado, ¿me habré olvidado de todas las veces que ha podido ocurrir un contratiempo y mis calcetines no son negros sino grises? Quizá mi memoria también es selectiva…

No obstante, el pensamiento de la primera línea  aparece fugaz, apenas conscientemente cuando tengo que elegir la ropa el día antes. Y se llama correlación ilusoria , porque crea en nuestra cabeza una relación que realmente no existe entre dos elementos, sobreestimando la probabilidad de que aparezcan al mismo tiempo.

¿Por qué ? Quizá porque nos permite engañarnos pensando que podemos controlar lo que ocurre, evitando lo que no nos gusta. O porque la huella en la memoria de los recuerdos emocionalmente relevantes abarca diversos elementos asociados, todos aquellos en los que fijé mi atención. Si me fijé en el paraguas asociaré el paraguas, y si son los calcetines, pues los calcetines 😛

En cualquier caso este tipo de atajos mentales está para protegernos o para tomar decisiones rápidas, y está a la base de los prejuicios; elegimos sitios más caros de lo normal porque la comida suele ser más exquisita. .. Lo que viene de fuera , siempre es mejor o más moderno, y sobre bricolage… preguntaremos al hombre de la casa, que generalmente entiende algo más.

Lo claro es que no podemos evitar este tipo de impulsos , especialmente en un entorno tan poco predecible como el que vivimos actualmente, pero hacernos conscientes de ello nos permite ser menos vulnerables o manipulables.

 

 

Está cerrándose la época en la que generalmente la gente se va de vacaciones. Este año he encontrado en  varias personas un temor a la llegada de ese momento. No sólo por el estrés que puede implicar organizar las vacaciones en sí, sino por el el hecho de permanecer ausente del puesto de trabajo durante esos días, a veces una semana, a veces un mes. Se preocupan de que no les dé tiempo a “dejarlo todo cerrado”, temen que durante esos días ocurra una incidencia o un problema y que ellos/as no estén allí para resolverlo.

Hay personas que se incorporan no desmotivadas o deprimidas , sino ansiosas por lo que se puedan encontrar a la vuelta. Si se les preguntase a algunos/as dirían que prefieren no coger puentes, aunque les sirva para escaparse unos días, porque, con el trabajo acumulado, luego es peor.estres vaca

En el entorno familiar puede ocurrir algo similar, cuando somos nosotras/os las/os que nos ocupamos del cuidado de una persona mayor, niños/as o animales. Incluso cuando hemos acordado que se ocupen otras personas en nuestro lugar, para nosotros nunca va a ser como si estuviera yo.

Esta sensación de dependencia o imprescindibilidad me sugiere dos cosas:

1) El sistema al que pertenecemos no es lo bastante flexible como para aprender y funcionar aunque sea de modo temporal de forma distinta, asumiendo las funciones de la persona ausente. Probablemente la comunicación no es lo bastante fluida o la división del trabajo es demasiado rígida, limitándose a distribuir responsabilidades a personas determinadas. Cada uno/a conoce sus tareas, pero no las de el/la de al lado o dónde puede encontrar la información sobre esto.

2) La atadura o dependencia psicológica de la persona hacia el sistema ( empresarial o familiar) y viceversa es considerable. Es posible que estas personas arrastren sentimientos de culpa y que se sientan absorbidos o quemados dentro de su entorno. Hay personas más vulnerables a experimentar estos procesos, como aquellas con alto sentido de la responsabilidad y/o  necesidad de control.

Tenemos  una relación sana con nuestro entorno personal , organizacional , cuando sentimos  que no somos imprescindibles, y cuando confiamos en que se resolverá  cualquier problema que pueda surgir ( si es que surge) si no estamos ahí. Seguramente los demás no lo harán de la misma forma que nosotros/as, pero será eficaz y suficiente.

 

 

 

Al estudiar Psicología una de las cosas que más me impactó aprender es que podemos aprenderlo todo, incluso a que no podemos hacer nada.

Cuando escucho a alguien que siente que nunca va a resolver un problema, a sentirse bien, a encontrar trabajo,… le veo como una rata. No piensen mal, es que hubo un experimento de un psicólogo que se llamaba Seligman en el que la protagonista era una rata.color-rat-399706_640

A la rata la encierran ( siempre las ratas, las pobres) en una caja con dos compartimentos: uno de seguridad y otro de peligro . Cuando la rata, curiosa como es ella, entraba en el compartimento de peligro se le aplicaban descargas eléctricas. Sin embargo en el de seguridad nunca ocurría esto. La rata aprendió, por tanto,que lo que tenía que hacer cuando aparecían las descargas era cambiarse de sitio.

Esto en una primera fase del experimento. Después, sin embargo, la cosa cambió: los dos compartimentos se volvieron zonas de peligro, y fuese a donde fuese, la rata podía recibir descargas en cualquier momento.

¿Qué creen que hizo la rata cuando se dio cuenta de esto?….

El resultado fue que encontraron a la pobre infeliz inmóvil, agazapada en un rincón sin moverse, sin hacer nada, porque aprendió que no podía hacer nada por evitar el dolor.

Esto nos pasa a los animales humanos también: llega un momento en que aprendemos ( no quiere decir que sea real) que , independientemente de nuestras acciones, nuestra situación no va a cambiar y caemos en la desesperanza, que es la mayor compañera de la depresión y predictora de intentos de suicido también. Y a esto lo llamaron Indefensión Aprendida.

Difícilmente lo que nos sucede es totalmente fruto de la mala suerte, el destino, o como quieran llamar a aquello que no podemos controlar. Siempre hay algún aspecto que depende de nosotros, aunque sea la actitud con que encajamos los golpes.

Si me veo con mayor  control sobre lo que ocurre, emprenderé más acciones dirigidas al cambio. Y entonces habrán más posibilidades que las cosas realmente cambien . ¿O no?

 

 

 

 

 

Se acaban las vacaciones  de  verano, ésa es la realidad . Ahora podemos pensar que ocurren dos cosas:

1 Volvemos a lo normal, después de una época “especial”, de actividad distinta. Esto quizá sobre todo lo piensen aquellos/as que han tenido unas vacaciones largas, de un mes o así.

2 Se abre una nueva etapa, como un curso nuevo, con las oportunidades que esto supone. Y empezamos a apuntarnos a clases, deporte, a coleccionar,…cubo

En la primera respuesta es cuando podemos echar en falta la libertad de las vacaciones, el ocio, o la compañía de algunas personas. Es entonces cuando tendremos que hacer un esfuerzo para habituarnos de forma progresiva a los ritmos y las responsabilidades. Y recordar que no siempre hemos estado de vacaciones, y hemos podido ser felices.

Por otro lado, si tomamos la vuelta con muchas ganas, nos podemos estar fijando objetivos poco realistas, sobre todo si los nuevos proyectos no son conocidos para nosotros/as y no sabemos cuánto tiempo y energía realmente van a requerir. Podemos frustrarnos fácilmente, por lo que será mejor comprometernos con metas muy accesibles , y según vaya la cosa, atrevernos con más.

También es cierto que cada vez más personas se van de vacaciones fuera de verano, en Mayo, Octubre,etc.   Aún así podemos notar cambios al finalizar el verano, con los cambios estacionales, de horas de luz,… y quizá también porque nuestro cerebro sigue asociando el verano con vacaciones y ocio; son muchos años de vida escolar y académica…

En fin, cada estación con sus sorpresas y sus oportunidades. Cualquiera que sea tu caso, te deseo un feliz final de verano 🙂

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IMG-20150815-WA0002La semana pasada me regalé unos diítas de vacaciones al Norte de España , de jueves a domingo , lo que llamamos un “fin de semana largo”.

Al principio pensé :” qué poco”, pero lo que no esperaba es haber vuelto con las pilas tan cargadas.

Realmente, el tiempo, sobre todo el de ocio, puede medirse tanto por su cantidad como por su calidad . Quince días de “descanso” pueden cundir tanto para el organismo como tres días realmente dedicados a oxigenarte.

¿Cuáles son los indicadores de calidad del tiempo? Se me ocurren por ejemplo:

– La magnitud de la diferencia entre tu entorno habitual y el de esos días de vacaciones: el cererbro rompe asociaciones de lugares con emociones de estrés y ansiedad, por ejemplo.

– La flexibilidad para hacer planes: la medida en que nos sentimos libres de poder hacer e ir donde nos apetece en cada momento.

– La cantidad e intensidad de emociones positivas: si estamos más o menos dispuestos/as a dirigir la atención a aspectos positivos y estimulantes ( un paisaje, un sabor diferente, ..) y a convertir contratiempos en anécdotas.

– La frecuencia de oportunidades para compartir actividades y experiencias con otras personas importantes para nosotros/as y para cultivar esas relaciones.

 

Al final, la huella que deja cada experiencia en la memoria no depende de la duración del recuerdo, sino de cómo nos hizo sentir.

 

Para Alba. Gracias 🙂

 

 

 

 

 

 

 

Lo cierto es que no suelo leer muchas fábulas o cuentos, aunque me gustan. Pero el otro día leí uno que me llamó la atención:

Contaba que un discípulo de SócratesSocrates,_p_125_(World's_Famous_Orations_Vol_1) se acercó un día a él para contarlo algo :”No se imagina,  maestro,  el comentario malintencionado que escuché sobre usted…” ( algo así le dijo).

Sócrates le contestó : “¿Ha pasado eso que vas a decirme antes por las tres bardas ( bardas son algo así como vallas)?”

El discípulo se quedó confundido.

-La primera barda es la de la verdad – dijo Sócrates- ¿Estás seguro de que lo que vas a contarme es cierto?

-Lo cierto es que no puedo estar seguro…

– La segunda barda es la de la bondad: lo que vas a contarme al menos es bueno?

– No, no lo es, maestro.

– La tercera barda es la de la necesidad: es necesario que yo sepa lo que vas a decirme ?

– No, maestro, realmente no es necesario.

– Entonces, si no es cierto, ni bueno ni necesario,dejémoslo en el olvido.

 

A veces no nos planteamos cuál es el sentido, para qué contamos algo a alguien. Quizá incluso tiene un efecto mayor sobre nosotros mismos que sobre la persona que lo escucha.

No sé, lo mismo el discípulo de Sócrates esperaba ganar el respeto de su maestro por facilitarle una información que él no tenía, ( Sócrates, que sabe tanto…)  independientemente de su naturaleza y origen.

Me parece útil esto de las tres bardas, valorar antes que podemos realmente ganar con difundir una información o no hacerlo  y a qué nos arriesgamos con ello.

 

 

 

 

 

 

 

 

Alegría, ira, miedo, asco, tristeza y sorpresa . Son las emociones básicas, todos los seres humanos y no humanos nacen con ellas porque tienen un valor adaptativo: el miedo te protege del peligro, el asco de una intoxicación, la ira es impulso a la acción, como la alegría, y la tristeza facilitan la introspección y la recuperación de la energía.

A medida que madura nuestro cerebro , las emociones básicas se procesan, se elaboran cognitivamente , y dar lugar a las emociones complejas : la culpa, la vergüenza, la frustración, el orgullo,… Detrás de todas ellas hay una creencia que se ha incorporado con la educación y con la cultura. Así, para sentirme culpable, necesito un criterio sobre lo que debería o no debería hacer. Si me siento orgulloso/a, es porque reconozco haber cumplido con unos valores que me son deseables( éxito, lealtad, valentía,etc).índice

Y luego están las ideas sobre nosotros mismos, que impregnan a las emociones en base a cómo juzgamos nuestro comportamiento o nuestras acciones y su impacto sobre los demás . Así, me puedo sentir útil ( ¿ o pienso que soy útil?), lo mismo que desgraciado/a o inaguantable. ¿Dónde empieza el pensamiento y dónde acaba la pura emoción?

Ideas y sentimientos, en permanente interacción. A veces es importante separarlas, sobre todo cuando una idea ( no es adecuado…, temo las consecuencias…)  no permite  que las emociones fluyan de manera natural y se acaban atascando . O cuando la emoción es tan intensa que no nos permite tomar decisiones y nos bloquea ( pensemos en estados de ansiedad elevada).

 

Lo complejo en el fondo es más simple, y lo simple puede convertirse en complejo. Lo natural es experimentar emociones, porque son señales o pilotos de algo.  Si les prestamos la atención adecuada, podremos aprender con mayor claridad qué necesitamos y hacia dónde nos dirigimos.