Hace poco veía un programa sobre adicciones raras: había una señor que se había enganchado a la comida para perros y una chica que  cuando se daba cuenta había acabado con medio colchón porque engullía el relleno.

Puede  que tengamos una imagen de las adicciones aún asociada a determinadas sustancias de consumo. Sin embargo, igual que hay personas con fobias que nos sorprenden ocurre algo parecido con las adicciones.iphone-410316_640 (1)

Creo que al margen de la química externa a la de  nuestro cuerpo, son las acciones a las que nos enganchamos, porque nos hacen sentir de una forma determinada.  No es el colchón ni la comida de perro en sí, sino la conducta de comerlo y la sensación que produce. De hecho las adicciones conductuales ( a las compras, al trabajo, al móvil,..) son igual de poderosas que las químicas.

Yendo aún más lejos: somos potencialmente adictos a cualquier conducta que active nuestro sistema cerebral de recompensa sistema de recompensa, que nos produzca placer o alivie nuestro malestar y que haga que nos sintamos raros/as si no está a nuestro alcance.

Hay personas que chequean continuamente sus redes sociales, esperando encontrar esos Me Gusta o comentarios en su muro que nos hacen tanta,  tanta ilusión… ¿Son adictos/as al móvil? Teclear en el móvil sin más no me produce nada, más bien es un medio para conseguir lo que anhelo: reconocimiento, afecto, interacción,…

¿cuál es mi droga entonces? Puede que tampoco sea el hecho de colarte en el supermercado o un evento, sino la excitación del riesgo, de  saber que pueden pillarme en cualquier momento…

A veces conocer nuestros “enganches emocionales”  también nos ayuda conocer nuestras carencias, y por tanto a una parte de nosotros/as mismos/as, así que vamos a prestarles atención 🙂