Hay cosas que de vez en cuando no me viene mal repasar. Igual que repasamos inglés, geografía o una receta de cocina, ¿por qué no refrescar nuestros derechos asertivos? Es decir, aquellas cosas que nos corresponden sólo por ser personas que vivimos y con-vivimos en este mundo:

  1. Tengo derecho a ser tratado/a con respeto y dignidad

  2. Tengo derecho a tener y expresar los propios sentimientos y opinionesamigos

  3. Tengo derecho a ser escuchado/a y tomado/a en serio

  4. Tengo derecho a juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar mis propias decisiones

  5. Tengo derecho a “decir NO” sin sentir culpa

  6. Tengo derecho a pedir lo que quiero , dándome cuenta de que también la otra persona tiene derecho a decir “NO”

  7. Tengo derecho a cambiar

  8. Tengo derecho a cometer errores

  9. Tengo derecho a pedir información y ser informado/a

  10. Tengo derecho a obtener aquello por lo que pagué

  11. Tengo derecho a decidir no ser asertivo/a

  12. Tengo derecho a ser independiente

  13. Tengo derecho a decidir qué hacer con mi tiempo, cuerpo, etc. mientras no se violen los derechos de otras personas

  14. Tengo derecho a tener éxito

  15. Tengo derecho a gozar y disfrutar

  16. Tengo derecho a mi descanso o aislamiento

  17. Tengo derecho a superarme, aún superando a los demás

 

Pues eso, cada uno/a que revise cuál se le había olvidado últimamente, y si lo considera necesario, que haga algo al respecto.

 

Manejar las relaciones con los/as demás de forma sana y adecuada no es tarea sencilla, de hecho se convierte en un reto a lo largo de la vida.

Cuando nos relacionamos con la intención de ser asertivos , con los demás , (es decir de ser capaces de defender nuestros derechos y los de los demás dentro de unas relaciones de igualdad ), nos enfrentamos a distintas metas personales:
amigos

  1.  Ser yo  mismo/a: conocerme y aceptarme tal como soy para pedir ante los demás que me acepten tal cual soy.
  2. Hacer frente a todas las críticas que puedan hacerme, incluyendo a aquellas que pueden hacerme daño (críticas “destructivas”)
  3. Criticar de forma constructiva. La crítica constructiva es aquél comentario específico, sincero que se da en el momento oportuno y al que no enganchamos un “pero” como anunciando que ahora viene lo peor. En ocasiones se recomienda advertir a la otra persona de que lo que vamos a decirle quizá no le vaya a gustar (prescripción del síntoma”).
  4. Pedir lo que se necesita: pedir no es señal de debilidad, de que no somos capaces de proveernos algo, sino de que lo merecemos. A veces los demás quieren ayudarnos y no saben cómo, tenemos que guiarles un poco.
  5. Hablar en primera persona, desde el “yo”: “yo considero…”, “yo necesito…”, “yo siento que…”. Y ser específicos, expresar claramente qué comportamiento necesitamos que cambie. No es lo mismo decir “Eres tan desordenado/a…!” que “necesito que ordenes tu habitación”. No existen los “nunca” o los “siempre”, “todo” o “nada”, evitar las generalizaciones.
  6. Actuar de forma responsable. Asumir nuestros errores, sin justificarnos. No pasa nada por equivocarnos y reconocerlo, todos/as tenemos derecho.
  7. Negociar lo cotidiano, las normas de convivencia,  los acuerdos,… excepto cuando tratamos con los hijos, ya que con ellos/as la relación no es de igual a igual.

Cuando nos comunicamos adecuadamente, de forma clara y concreta, sin mensajes disfrazados/as y en el momento que toca, es más fácil conseguir una buena autoestima y mantener relaciones de amistad y de pareja realmente auténticas.

¿Aceptas el reto?

El otro día hablaba con una amiga que se queja continuamente de que su familia le pide favores continuamente ( para compañarles  a sitios, cuidar de sobrinos, hacerles recados,…) . Esto me hizo pensar en cuántas  veces nos sentimos presionados u obligados a acceder a los deseos de los demás, favores que nos piden, dar la razón sin estar convencidos, permitir situaciones o comportamientos que no nos gustan,… Y accedemos a sus peticiones sin  tener obligación alguna, por lo que nos convertimos en cómplices de un posible abuso, también somos responsables por no decir que “no”.

¿Por qué nos cuesta tanto a veces? Si nos damos cuenta la mayoría de las veces hay muchos miedos detrás :

1)  Tenemos miedo a un posible  conflicto : Si sabemos que negarnos va a generar una situación problemática para nosotros, generalmente tendemos a ceder. Pero rechazar una conducta no significa rechazar a una persona , con lo que el conflicto, que es proceso natural,  se limita a un solo aspecto  y puede resolverse aisladamente negociando .

2)    -No nos queremos arriesgar a que nos rechacen. Sobretodo en la adolescencia es muy importante este miedo y puede tener mucho poder, con lo que a muchos jóvenes les puede conducir a conductas de riesgo ( consumo de drogas, embarazos no deseados,…)

3)   No queremos hacer que otra persona se sienta mal . Lo que es mejor conocido como culpa. Nos imaginamos lo que el otro va a sentir si nos negamos. Nosotros no sabemos cómo lo va a tomar en realidad la otra persona, pero nos dejamos guiar por aquello que imaginamos que va a sentir, y si eso que imaginamos no resulta agradable, preferimos no hacerlo pasar por eso. 

4)   Sentimos que no tenemos derecho a negarnos a nada : Esto generalmente es un problema de autoestima, en donde damos por hecho que las necesidades del otro son más importantes que las nuestras, y en cuanto nos piden algo, inmediatamente las hacemos de lado lo nuestro para atenderlos.

Hay muchas personas que no saben decir NO. Como consecuencia, acumulan muchos sentimientos de rabia, culpa y baja autoestima.

Para aprender a decir “no” podemos seguir estas pautas:

1. Pregúntate si lo que te están pidiendo es algo que tu realmente quieres hacer. Piénsalo detenidamente, no te dejes llevar por el impulso de decir “si”. Observa si TU realmente deseas hacerlo o no, independientemente de los deseos o las expectativas del otro.

2. Tómate tu tiempo antes de responder. No des una respuesta en ese momento, di algo como: “déjame pensarlo y te digo al rato”, o “tengo que verificar si no tengo otros compromisos, pero te confirmo mañana”. Esto te va a ayudar mucho a observar con calma si lo que te están pidiendo es algo que tu quieres hacer o no.

3. Pregúntate si tienes el tiempo para hacerlo. Muchas veces no es que no queramos complacer al otro, simplemente no tenemos el tiempo. Evalúa tus prioridades y si decides que puedes dedicar algo de tu tiempo al otro sin afectar tus proyectos, adelante. De lo contrario, es mejor decir “no”.

4. Puedes buscar un punto medio. Tal vez no quieras hacer exactamente lo que te piden pero si estás dispuesto a buscar un acuerdo en el que ambas partes ceden un poco, vamos a negociar. Di “no”, pero propón otra alternativa. Puedes decir algo como: “mira, hoy no puedo ayudarte con eso pero si no te es muy urgente, mañana sí tendría una hora para ayudarte”.

5. Si vas a decir “no”, sé honesto y amable. Lo mejor es decirle al otro que no podemos porque tenemos otros asuntos pendientes, sin tener que entrar en detalles, y decírselo de la manera más amable y con seguridad, que al decir “no”, no te sientas mal de decirlo. Se trata de que puedas decir “no” con la seguridad de que es tu decisión y de que tienes todo el derecho de negarte. Aquí es importante hablar en primera persona y  tener en cuenta los sentimientos de la otra persona para minimizar el daño en lo posible.

UN PEQUEÑO TRUCO: Existen diversas técnicas para decir NO, pero una de las más eficaces cuando el otro se pone muy insistente es la Técnica del disco rayado: Consiste en repetir un pequeño argumento y el NO, una y otra vez, manteniendo la calma en todo momento.

No entraremos en discusiones, ni haremos caso a las provocaciones que nos puedan hacer. Tampoco daremos más razones ni justificaciones.

Insistiremos en repetir nuestro argumento y el NO, una y otra vez, hasta que la otra persona quede convencida o, por lo menos, se dé cuenta de que no va a conseguir nada con su insistencia.