Hace poco vi cómo alguien tiraba una colilla por la ventanilla de un coche. Un comportamiento que, aparte de que implica un riesgo ambiental porque puede provocar un incendio, especialmente en verano, revela un claro distanciamiento o bajo interés por el estado del espacio que nos rodea.colillas

Conocemos las dificultades de implicarnos realmente en la adecuada conservación de calles, zonas verdes , naturales,… y en fin, todo aquél espacio público que empieza donde termina lo privado. Es decir, lo que nos pertenece a todos/as. Total, que tenemos un problema de valores importante.

Sin embargo, lejos de justificar estos gestos he pensado que quizá el problema no sólo esté en que a la gente, en que a nosotros, no nos importe nuestro medio o no valoremos adecuadamente las consecuencias de nuestra falta de cuidado. Es posible que no lo cuidemos porque no sabemos o no sentimos que es nuestro.

Es mucho más raro que alguien tire basura al suelo, escupa o rompa algo en su casa que en la calle. No, en  casa no lo hacen. Bien porque hay alguien cerca que te lo va a reprochar o porque sabes que es tu casa, tu espacio y lo quieres, lo valoras. Incluso te has sacrificado probablemente por conseguirlo. Lo mismo ocurre  en la casa de alguien a quien quieres o respetas.

La solución para esto no es sencilla, evidentemente. Quizá habría que hacer algo para que nos identifiquemos, crear un vínculo emocional con el entorno, el cual ahora no tenemos.

Hay culturas en las que los vecinos participan en las decisiones relacionadas con las zonas comunes, o se les permite contar con un espacio propio dentro, como en los huertos urbanos. Una motivación más allá de evitar sanciones o problemas. Porque queremos cuidar y proteger lo nuestro, porque lo sentimos nuestro.