Está cerrándose la época en la que generalmente la gente se va de vacaciones. Este año he encontrado en  varias personas un temor a la llegada de ese momento. No sólo por el estrés que puede implicar organizar las vacaciones en sí, sino por el el hecho de permanecer ausente del puesto de trabajo durante esos días, a veces una semana, a veces un mes. Se preocupan de que no les dé tiempo a “dejarlo todo cerrado”, temen que durante esos días ocurra una incidencia o un problema y que ellos/as no estén allí para resolverlo.

Hay personas que se incorporan no desmotivadas o deprimidas , sino ansiosas por lo que se puedan encontrar a la vuelta. Si se les preguntase a algunos/as dirían que prefieren no coger puentes, aunque les sirva para escaparse unos días, porque, con el trabajo acumulado, luego es peor.estres vaca

En el entorno familiar puede ocurrir algo similar, cuando somos nosotras/os las/os que nos ocupamos del cuidado de una persona mayor, niños/as o animales. Incluso cuando hemos acordado que se ocupen otras personas en nuestro lugar, para nosotros nunca va a ser como si estuviera yo.

Esta sensación de dependencia o imprescindibilidad me sugiere dos cosas:

1) El sistema al que pertenecemos no es lo bastante flexible como para aprender y funcionar aunque sea de modo temporal de forma distinta, asumiendo las funciones de la persona ausente. Probablemente la comunicación no es lo bastante fluida o la división del trabajo es demasiado rígida, limitándose a distribuir responsabilidades a personas determinadas. Cada uno/a conoce sus tareas, pero no las de el/la de al lado o dónde puede encontrar la información sobre esto.

2) La atadura o dependencia psicológica de la persona hacia el sistema ( empresarial o familiar) y viceversa es considerable. Es posible que estas personas arrastren sentimientos de culpa y que se sientan absorbidos o quemados dentro de su entorno. Hay personas más vulnerables a experimentar estos procesos, como aquellas con alto sentido de la responsabilidad y/o  necesidad de control.

Tenemos  una relación sana con nuestro entorno personal , organizacional , cuando sentimos  que no somos imprescindibles, y cuando confiamos en que se resolverá  cualquier problema que pueda surgir ( si es que surge) si no estamos ahí. Seguramente los demás no lo harán de la misma forma que nosotros/as, pero será eficaz y suficiente.

 

 

 

Se acaban las vacaciones  de  verano, ésa es la realidad . Ahora podemos pensar que ocurren dos cosas:

1 Volvemos a lo normal, después de una época “especial”, de actividad distinta. Esto quizá sobre todo lo piensen aquellos/as que han tenido unas vacaciones largas, de un mes o así.

2 Se abre una nueva etapa, como un curso nuevo, con las oportunidades que esto supone. Y empezamos a apuntarnos a clases, deporte, a coleccionar,…cubo

En la primera respuesta es cuando podemos echar en falta la libertad de las vacaciones, el ocio, o la compañía de algunas personas. Es entonces cuando tendremos que hacer un esfuerzo para habituarnos de forma progresiva a los ritmos y las responsabilidades. Y recordar que no siempre hemos estado de vacaciones, y hemos podido ser felices.

Por otro lado, si tomamos la vuelta con muchas ganas, nos podemos estar fijando objetivos poco realistas, sobre todo si los nuevos proyectos no son conocidos para nosotros/as y no sabemos cuánto tiempo y energía realmente van a requerir. Podemos frustrarnos fácilmente, por lo que será mejor comprometernos con metas muy accesibles , y según vaya la cosa, atrevernos con más.

También es cierto que cada vez más personas se van de vacaciones fuera de verano, en Mayo, Octubre,etc.   Aún así podemos notar cambios al finalizar el verano, con los cambios estacionales, de horas de luz,… y quizá también porque nuestro cerebro sigue asociando el verano con vacaciones y ocio; son muchos años de vida escolar y académica…

En fin, cada estación con sus sorpresas y sus oportunidades. Cualquiera que sea tu caso, te deseo un feliz final de verano 🙂

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IMG-20150815-WA0002La semana pasada me regalé unos diítas de vacaciones al Norte de España , de jueves a domingo , lo que llamamos un “fin de semana largo”.

Al principio pensé :” qué poco”, pero lo que no esperaba es haber vuelto con las pilas tan cargadas.

Realmente, el tiempo, sobre todo el de ocio, puede medirse tanto por su cantidad como por su calidad . Quince días de “descanso” pueden cundir tanto para el organismo como tres días realmente dedicados a oxigenarte.

¿Cuáles son los indicadores de calidad del tiempo? Se me ocurren por ejemplo:

– La magnitud de la diferencia entre tu entorno habitual y el de esos días de vacaciones: el cererbro rompe asociaciones de lugares con emociones de estrés y ansiedad, por ejemplo.

– La flexibilidad para hacer planes: la medida en que nos sentimos libres de poder hacer e ir donde nos apetece en cada momento.

– La cantidad e intensidad de emociones positivas: si estamos más o menos dispuestos/as a dirigir la atención a aspectos positivos y estimulantes ( un paisaje, un sabor diferente, ..) y a convertir contratiempos en anécdotas.

– La frecuencia de oportunidades para compartir actividades y experiencias con otras personas importantes para nosotros/as y para cultivar esas relaciones.

 

Al final, la huella que deja cada experiencia en la memoria no depende de la duración del recuerdo, sino de cómo nos hizo sentir.

 

Para Alba. Gracias 🙂

 

 

 

 

 

 

 

Muchos/as estamos a punto de empezar nuestras vacaciones. Ayer martes me preguntaron en una entrevista de la radio si realmente “todos/as” necesitamos tomar vacaciones de vez en cuando, o si realmente podemos pasar sin ellas cómo hacen algunas personas.bicycle-333186_640

Parar de vez en cuando y cambiar de rutina no sólo es necesario para la salud sino que permite acercarnos a los siguientes objetivos:

  • Equilibrar la vida personal ( familiar, social,…) con la vida profesional, siendo ambas igual de importantes para nuestra salud y desarrollo.
  • Contar con un espacio y un tiempo para cultivar actividades de ocio, fuera de las laborales, que nos hagan sentir bien. El puro hacer por hacer. Cuanto más se diferencien estas actividades de las que realizamos normalmente en horario laboral, mayor descanso real para nuestro cerebro.

  • Tomar perspectiva de lo que estamos haciendo (y lo que no ) con  nuestra propia vida. Porque generalmente nos perdemos y nos distraemos en el día y a día. Y hasta que no te alejas un poco de los árboles, no consigues ver el bosque.
  • Ganar autoestima. Aunque no lo parezca, el autorrefuerzo de permitirnos poner por encima la devoción a la obligación nos ayuda a sentirnos menos hipotecados/as, más merecedores/as de placer sin castigo.

Ahora bien, dosificar el descanso y el ocio de forma inteligente no es sólo un reto sino también un arte. En mi opinión puede ser más útil repartir las vacaciones a lo largo del año que concentrarlas en un mes completo. Nuestra semana incluso  puede salpicarse sanamente de ratitos de una hora o poco más dedicados a satisfacernos a nosotros/as mismos/as. Lo mismo con los fines de semana.

Al igual que nos tomamos el trabajo con disciplina, ¿seremos capaces de hacer lo mismo con  el descanso?

 

 

La semana pasada nos regalamos unos días de vacaciones. De las más típicas de verano: playa-sol-cerveza-siesta. Mientras nos encontrábamos inmersos en el primer elemento fundamental, observé una pareja claramente  no lugareña  que durante un rato considerable de tiempo se quejaban de algo. Creo que se trataba de una diferencia de  precio que habían apreciado en algo concreto o un tema de similares características.800px-Tourist_cycle_on_texel_beach

Hay que decir que el día era inmejorable , porque hacía un sol muy agradable que tostaba pero no abrasaba, la brisa igual, y el mar apacible como un lago y daba la impresión de que esas personas no podían disfrutar precisamente a diario de todo eso. En medio de tal escenario  me pregunto ¿ cómo se puede mantener la atención en nada tan poco importante?

Seamos realistas: no es fácil desconectar ( o conectar con otras cosas) de los viejos hábitos . No basta con irnos a un sitio precioso, aunque parezca que si. Muchas veces estamos demasiado engachados a  preocupaciones o bien a un filtro que sólo nos muestra partes de la realidad .Nos siguen a donde vayamos porque nunca han estado fuera sino dentro de nosotros.

Fíjense que casi nunca describimos una experiencia con verdadera pasión  hasta que no ha pasado ( eso que se dice de que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes) . En parte porque que la memoria modifica e idealiza las experiencias positivas pero también porque no tenemos capacidad para mantener la atención con plenitud en el momento presente.

Hoy como todos/as, lamento el fin de esos días de descanso, y además me comprometo a esforzarme para que las próximas vacaciones las disfrute tanto como ahora disfruto recordar éstas.