Hace poco hablaba con un compañero que colabora con un grupo de personas cuidadoras. La mayoría de estas personas son mujeres al cuidado casi permanente de padres, madres, hermanos o parejas con autonomía limitada o dependientes.

Las personas que se dedican principalmente a cuidar a otras, con las que conviven generalmente, viven sometidas a un alto estrés y lo que es más importante, de forma continuada. Someterse de forma permanente a las necesidades, demandas, cambios de humor y frustraciones de otra persona puede ser realmente desgastador con el paso del tiempo. Entre los casos de procesos tumorales o enfermedades coronarias asociados a un estrés a largo plazo es frecuente encontrar a cuidadores/as  de personas dependientes.red-40805_640

Ante este efecto en la salud y las dificultades de la sociedad para apoyar e integrar el cuidado de las personas dependientes y su entorno (hay que tener en cuenta el doloroso fracaso de la Ley de Dependencia) aparece el interés por los cuidados de cuidador  y las estrategias de autocuidado.

Hoy lo que  me gustaría es  hacer cinco simples preguntas a aquellas personas que se dedican a la admirable tarea  de cuidar de otros:

  1.  ¿Eres cuidador/a principal o cuidador/a único/a?
  2. ¿Crees que tienes derecho a tener un tiempo para ti? ¿Lo haces?
  3. ¿Crees que tienes derecho a pedir ayuda? ¿Lo haces?
  4. ¿Piensas que lo que tú haces  es un trabajo como el de otra persona (fontanero/a, profesor/a, etc)?
  5. ¿Quién o qué eres tú además de cuidador/a?
Cuidar de otros/as empieza por saber cuidar de uno/a mismo/a. Y el cuidado de los demás es asunto de todos/as.