Hace poco en nuestro grupo de teatro tuvimos que cambiar el horario para poder adaptarnos a la disponibilidad de un compañero. En vez de empezar a las cinco de la tarde y acabar a las siete, retrasaríamos el inicio hasta las siete. No era la solución más deseable para nosotros, ya que nos apañábamos bien con el  horario inicial, pero lo aceptamos para que continuara el grupo completo. Temíamos que dejaran de incorporarse otras personas al grupo ( era una meta que teníamos desde hace tiempo) ,sin embargo y para nuestra sorpresa el nuevo horario ha funcionado bastante bien y ahora somos más gente.

A veces las cosas ocurren así: nunca puedes predecir las consecuencias reales de ciertos cambios, ni hasta dónde va a llegar su alcance.

Nuestra reacción es normal: inicialmente nos enfadamos y sentimos miedo: relojporque no es lo que esperábamos, porque por un momento sentimos que perdemos el control de lo que ocurre.

Según la psicología positiva, tenemos dos opciones: podemos atascarnos y resistirnos al cambio o podemos aceptarlo buscando las oportunidades que nos ofrece. Se trata de controlar las emociones negativas y los miedos, o al menos no dejar que interfieran en el proceso de generar ideas y alternativas.

No se trata de esperar pasivamente a que las cosas se desarrollen como deberían, pero a  veces las circunstancias te traen el cambio que necesitas. Creo que en esas ocasiones hay que dar las gracias a esas circunstancias. Porque, siendo honestos/as, quizá nosotros/as no hubiésemos llegado solos/as a ese cambio.

 

 

Hace poco veía un corto de Pixar que se llama For The Birds  ( Sobre los pájaros, creo). Lo recomiendo a todos, porque es muy simpático y sobre todo porque ilustra perfectamente cómo nos revolvemos de forma más o menos consciente cuando aparece un recién llegado al grupo. Las familias, los equipos de trabajo, los grupos de clase,.. son sistemas formados por elementos relacionados. Y como tales, cualquier cambio como restar o añadir uno de ellos afecta al conjunto.frigate2

Ante la incorporación de una nueva persona se mezclan varias emociones generalmente : puede ser algo estimulante o que nos «obligue» a mostrar lo mejor de nosotros/as  mismos/as, puede implicar un recelo o miedo a que cambien relaciones dentro del grupo, a la competitividad o al conflicto porque no sabemos cómo es esa persona. Generalmente nunca nos deja indiferente.

Podemos quedarnos en los riesgos para el funcionamiento del grupo o fijarnos en qué puede mejorarlo, qué podemos aprender y qué le podemos enseñar a esa persona. Siempre hay un proceso previo de ajuste y no siempre es fácil pero al final todos los cambios se asientan.

Para que esa incorporación sea realmente una integración en el grupo me he dado cuenta de que son importantes cuatro claves:

  •  Autenticidad: Ser nosotros/as mismos/as. No te esfuerces por quedar bien porque de todos al final todos nos iremos conociendo 😉
  • Empatía : A veces hay que ponerse un poquito en la  piel de la persona que llega,y quiere encajar, recuerda que  no es fácil…
  • Asertividad: Mejor marcar límites y dejar las cosas claras desde un principio, forma parte del proceso de ajuste. Eso sí, cuidado con la forma.
  • Humor: Nada relaja mejor el ambiente. Un poco de humor , en el momento de adecuado y de forma espontánea , derriba los muros más sólidos.
Piensa que los grupos tienen que crecer, evolucionar, para enriquecerse y adaptarse. En la mezcla está la riqueza y en la variedad, el gusto.