Seguro que no hay nadie con quien hables más que contigo mismo/a. Ni tu pareja, ni tu padre, ni tu madre: estás harto/a  de oírte. Y esto es normal, porque eres quien tienes más cerca 😛

Nada más lejos de sonar a broma, quien primero reconoce lo equivocado/a que estaba  o que se pregunta por qué no hizo las cosas de otro modo.. eres tú.lenguaje

Y al igual que no es lo mismo oírlo a alguien que aquello no es fácil en lugar de oírle que es díficil, tampoco es lo mismo oírte a ti decir las mismas cosas.

También dicen que  no existen los fracasos , sino los resultados . No son las mismas connotaciones, porque usando la palabra «resultado» o «consecuencia» en neutro, me ahorro el feo hábito de juzgar, que es lo que realmente hace daño.

En la misma línea tampoco nos sentimos igual cuando reconocemos que somos responsables antes que culpables de algo.

El lenguaje no sólo es producto del pensamiento, sino que éste puede acabar  condicionado, distorsionado por la forma en que designamos lo que ocurre. Hay palabras a las que les hemos ido añadiendo mucha carga, mucho sentimiento, tanto positivo como negativo. Por eso unas pesan más que otras, quitando espacio y energía a ideas más provechosas.

Nos educan desde chicos/as para que seamos amables con  los demás, que nos dirijamos con respeto  ( sobre todo cuando se refiere a personas mayores que nosotros/as) y que nuestras palabras no hagan daño a otras personas y cortesía. ¿Por qué nos cuesta tanto comportarnos con nosotros/as del mismo modo?

 

 

Hace poco  me hablaban de  una mujer que  se sentía muy desesperanzada después de haberle tocado la lotería. Parece paradójico, pero para muchas personas no lo es : tenía la certeza de que tras una suerte tan grande ocurriría necesariamente  una gran desgracia . Y eso es lo que temía. Es el pensamiento mágico, el reflejo de la necesidad de controlar lo que va a pasar y por qué.plato roto

Otros, cuando cometemos  un error, por intrascendente  que sea ( se cae el plato al suelo, nos manchamos de lejía, o se nos olvida comprar algo..) nos etiquetamos como torpes, idiotas, o imbéciles. Da igual la cantidad de cosas brillantes que hayamos logrado anteriormente: filtramos sólo el error , que se disuelve y tiñe definitivamente nuestra autoestima.

Hay pensamientos que nos hacen más daño y nos pueden hundir en la desesperanza:   la persona que tiene la misma enfermedad de la que murió un familiar y por tanto piensa que va a acabar igual está sobregenerlizando un acontecimiento.

O nos empeñamos en que siempre son los demás los que tienen que cambiar para que las cosas pueden mejorar  ( falacia de cambio). Por ejemplo, dentro de una relación.

La forma en que interpretamos, o sesgamos lo que pasa a nuestro alrededor y en que  nos hablamos a nosotros/a mismos/as puede condicionar no sólo nuestras decisiones, sino también nuestro bienestar, confundiéndonos y  alejándonos  de la realidad .

Conviene estar atentos/as, y contrastar lo que pensamos con lo que vemos, oímos, percibimos a nuestro alrededor en busca de evidencias que los apoyen … o no.  La imaginación la dejamos mejor  para crear lo nuevo. Pero sólo pegados/as  a la realidad podemos seguir siendo animales racionales y mantener un equilibrio .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estas Navidades quedé para tomar café con una amiga. Habíamos quedado en punto en punto concreto de una plaza a las 17.30 . A mí se me olvidó llevarme el móvil.

Y resulta que poco después de salir de casa, a eso de las 5.15 me había enviado un sms (no tengo whatsapp) diciéndome que mejor nos veíamos en una cafetería que estaba cerca. Consecuencia: allí estuvimos las dos durante veinte minutos a menos de doscientos metros esperándonos mutuamente porque yo no había podido ver el susodicho mensaje.

Realmente la comunicación escrita ( los mail, sms, wasap,etc) son muy útiles para comunicarnos en muchas ocasiones. Pero en determinados contextos utilizar este canal puede implicar ciertos riesgos. En mi caso , por ejemplo , hay que tener en cuenta que este tipo de mensajes no generan una confirmación inmediata de que se han recibido y nos parece difícil pensar que a la otra persona se le puede haber olvidado el móvil o no lo ha oído o está sin batería: nos imaginamos permanentemente conectados. Lo mismo puede ocurrir con un correosmartphone-oficina electrónico , un mensaje de facebook,..

Hay otros aspectos de la comunicación escrita que hay que tener en cuenta a la hora de elegir este canal (o no):
 
1) La comunicación escrita es diferida :  un mensaje que escribo hoy , sobre todo si es de noche, es posible que tú lo leas mañana. Por tanto si te escribo en lunes para mí «mañana» es martes mientras que si tú lo lees al día siguiente para ti «mañana» se refiere al un miércoles…

Esto pasa con mucha frecuencia , por eso para evitar malentendidos podemos añadir nos vemos mañana martes, por ejemplo .

2) En la comunicación la información que nos llega procede en un 55% de gestos, miradas, movimientos ( aspectos no verbales) , el 38% del tono de voz, el volumen, el ritmo ( aspectos para-verbales ) y sólo un 7% de lo verbal, de lo que decimos . En el lenguaje escrito nos perdemos por tanto gran parte del mensaje.

No podemos captar la ironía, el interés, la sinceridad con que nos dicen las cosas ni podemos expresarlas tal cual las sentimos o pensamos..¿Cómo saber si tengo que preocuparme cuando alguien me dice «tengo que hablar contigo»? Incluso según cómo te den los buenos días puedes anticiparte a lo que viene a continuación…

Están los emoticonos, pero tampoco todos/as los usamos igual.

3) Hablar por mensajes escritos puede ser más arriesgado aún si tocamos esos temas delicados o si hablamos de sentimientos. Piensen por ejemplo en una discusión entre una pareja. No tenemos a la persona delante para saber si vamos por buen camino , si nos estamos  pasando, ni nunca transmitiremos tanto apoyo ni tanto ánimo como cuando le cogemos a alguien la mano o le ponemos la mano en el hombro.

Para hablar de cuestiones que pueden ser ambiguas o sensibles elegiría otro canal, como hablar en persona o si no puede ser pues al menos por teléfono.

De verdad que escribo muchos mensajes en muchos sitios para comunicarme , (como ahora), pero estoy segura de que ahora mismo no puedes comprobar hasta qué punto me creo todo  lo que estoy diciendo o cuánto es de importante para mi  que tú  lo tengas en cuenta. ¿ Lo verías de otra forma si lo habláramos cara a cara?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Anoche vi un capítulo de una serie de televisión americana que a parte de divertirme mucho mostró algo que me resultó familiar. La historia iba de un tipo qe tendía a acercarse mucho físicamente a las otras personas cuando hablaba con ellas. A los demás se les notaba incómodos y casi siempre tendían a su misma vez a caminar unos pasos hacia atrás. Paralelamente  a la conversación que mantienen dos personas se desarrolla un diálogo paralelo entre sus cuerpos: uno avanza,el otro retrocede. Independientemente de lo que hablan o piensan, que seguramente uno de ellos pensará: que cosa más molesta…

A parte de este ejemplo , existen otros : si dos personas caminan mientras hablan , una de ellas tiende a seguir la trayectoria de la otra aunque no se pongan de acuerdo explícitamente.

Hagan una prueba : si estando de pie  le damos la mano a una persona que está sentada, ¿qué ocurre luego?y si empiezan a hablar ¿cuánto tiempo aguantarán haciéndolo de esta forma hasta que el que está sentado se levanta o el que está de pide se  sienta o se agacha si no dispone de una silla? A parte de que físicamente es incómodo, hay una diferencia de estatus.

A mí no me cabe duda de que los cuerpos por sí mismos establecen su propia comunicación, que puede ir en el mismo sentido de la comunicación oral… o no.  Y conocer  esto puede ser útil en las relaciones con los demás , bien sea para compensar diferencias de estatus, hacer que la otra persona se sienta  realmente comprendida , o facilitar un clima apropiado para una negociación.

¿Cómo entrenarse? Para esto lo ideal es trabajar en parejas: prueben  a intentar imitar o guiar con sus movimientos los de otra persona , y comprueben si se escuchan o son escuchados/as.