320px-John_sofaAyer me costó muchísimo empezar a trabajar. No me sentía débil ni cansada físicamente pero no tenía apetencia para hacer cosas: me visitó la pereza . La pereza es un estado de falta de ganas o de disposición para la acción.

Todos/as en algún momento sentimos pereza igual que sentimos ira, desasosiego , temor o alegría. Por eso tenemos también que aprender a relacionarnos con ella:

  1. La pereza es una emoción más, y como tal podemos observarla, e intentar asociarla algún pensamiento que hemos tenido. La pereza puede estar acompañada de otras emociones. A veces la pereza es resistencia a empezar con algo nuevo, cansancio,  falta de motivación, o bajo estado de ánimo . Puede ser una oportunidad para ser introspectivos y encontrar qué es lo que nos frena  a actuar.
  2. Reconocemos la pereza y ahora tenemos que decidir qué hacer con ella: si nos dejamos llevar por hoy o si intentamos limitarla: entonces nos fijaremos objetivos simples, asequibles , como caminar o salir hacia algún lado: un mínimo de activación, sobre todo física, nos descubrirá alicientes para nuevos movimientos . Estos alicientes pueden ser: sentir el calor del sol , estirar las piernas, encontrarnos y saludar a un conocido….
  3. En cualquier caso, tampoco todo nuestro tiempo debe ser obligatoriamente productivo . En El derecho a la pereza , Lafargue alerta del riesgo de la fijación y admiración creciente de la sociedad hacia  el trabajo . El pensar que las personas existen porque son productivas, nos puede conducir a olvidarnos o a tener menos en cuenta a aquellos sectores no productivos: los mayores, los niños/as, personas con discapacidad,… que aunque no estén en condiciones de trabajar sí piensan, participan , consumen, eligen.

Lo ideal está siempre en el equilibrio : tan peligroso es hacer mucho como hacer nada. Necesitamos reservar espacios para todo: para el trabajar, para descansar, para relacionarnos, para hacer … y para no hacer.