Hay una fina barrera entre garantizar la seguridad, proteger, y limitar  la autonomía de cada persona, la capacidad de decidir por sí misma.

La percepción de capacidad que tenemos sobre los demás no coincide siempre con la que ellos/as tienen sobre sí mismos. Nosotros/as les protection-442907_640vemos a través del filtro del miedo ; tememos  que alguien que queremos se haga daño por equivocarse o atreverse demasiado . Nos asustamos tanto,, que sobreestimamos la probabilidad de que algo así ocurra. Y pensamos que mejor pasarse que quedarnos cortos.

Madurar significa que a medida que nos sentimos preparados/as para asumir autonomía, dejamos de necesitar vigilancia. No necesitamos que nadie nos sujete para no caernos.

Las familias pueden ser sobreprotectoras, pero la cultura proteccionista también trasciende a los estados. Sobre todo después de épocas de muchas carencias, se esfuerzan en garantizar las condiciones mínimas para todas las personas (especialmente las más vulnerables) , independientemente de los recursos de cada uno/a.

El problema es que esta protección también implica un control, ya que para que yo te ofrezca, tú tienes que seguir mis normas.

El valor como siempre, está en el equilibrio. Y en observar nuestros propios miedos y necesidades y contrastarlos con la realidad.