Yo nunca he tenido un perro, una mascota. No he desarrollado ese vínculo de cariño y convivencia.bebe-y-perro-baby-and-dog--s

Realmente nunca me llamó la atención demasiado, no se lo pedí a mis padres , ni nada de eso. De pequeña me parecía una responsabilidad innecesaria.

Sin embargo con el tiempo, me estoy dando cuenta de hasta qué punto podemos conectar emocionalmente con un animal, del valor de su compartir con ellos . Dicen que se puede querer más a un animal que a una persona, que son los más leales. Yo por lo que he observado en los amigos que sí los tienen creo que es un cariño diferente, muy particular, muy puro, desinteresado y sincero.No podemos negar que los animales no tienen expectativas, no imaginan, no le dan vueltas a las cosas, tienen un lenguaje más claro, sin  sutilezas … son pura emoción e instinto.Reconocen y piden lo que necesitan, aceptan las cosas tal cual son, sus miedos sólo obedecen a peligros que ven.

De hecho se están llevando a cabo proyectos con la colaboración de «perros terapeuta», como en el caso de un equipo de Asturias.  Para  las personas que han sido agredidas por otras personas es más fácil confiar en un animal que en otro humano. Así, mujeres víctimas de malos tratos, niños/as  con problemas escolares, y pacientes de cáncer mejoran su estado psicológico e incorporan elementos relajantes y lúdicos en su vida .

Aquí pueden leer un poquito más sobre este interesante proyecto:

http://www.eldiario.es/inspira/Inspira-psicologia_6_134446583.html

 

Recientemente le sugerí a una persona que se ha quedado sola acoger a un animal del albergue municipal. No sólo para que le llene un poquito más la casa y para que se cuiden mutuamente , sino también para tener a alguien que le recuerde el afecto auténtico e incondicional.

Charlaba el otro día con Lucía González. Lucía está al frente junto con otras mujeres del Colectivo La Luna situado en Telde (Gran Canaria) , un grupo de personas con  iniciativas teatrales  y origen feminista. Lucía nace del teatro y el teatro nace de ella.

Estuvimos reflexionando acerca de las posibilidades del teatro para ayudar a las personas e incluso en ocasiones para curarlas . Sí, si, el teatro puede tener un poder terapéutico para algunas personas cuando les permite expresar sus propios sentimientos y actitudes desde otro yo, desde otra realidad. Esto es muy irónico; a veces es cuando nos metemos en la piel de otra persona, animal, o elemento cuando nos podemos sentir nosotros/as mismos/as.

El arte se convierte en terapia y la terapia se convierte en arte. Sin ir más lejos ¿cómo creen que se entrena a las personas para que aprendan por fin a decir no, a pedir cosas, a comunicarse  eficazmente en público? Pues implicándoles en un juego de roles o una interpretación supervisada a partir de un guión escrito para ellos. Y,  así, obervando los errores y aciertos y las consecuencias de cada actuación se pulen las habilidades y aumenta la autoconfianza.

Desde chicos estamos creando nuestros propios personajes. Cogiendo un poquito de aquí y otro de allá inventamos formas diferentes de comportarnos y de ver el mundo. Con el tiempo nos convencemos de que son propias. Quizá el teatro nos ayuda  a airear nuestros personajes haciéndonos más conscientes de quiénes somos y de lo que realmente necesitamos expresar.

Yo me voy a atrever. Ya les contaré cómo me ha ido.